Todos los días, nuestro organismo se enfrenta a un sinfín de elementos extraños. Algunos son inofensivos, otros pueden desencadenar respuestas de defensa, y los hay que incluso logran burlar nuestras barreras de protección conduciendo a la aparición de una enfermedad. Pero, ¿cómo sabe nuestro cuerpo qué combatir y qué ignorar? La respuesta está en los antígenos.

¿Qué son los antígenos?

Los antígenos son moléculas, generalmente de carácter proteico, que forman parte de un microorganismo, de una sustancia o un elemento y que nuestro sistema inmunitario es capaz de reconocer e identificar como ajeno a nuestro cuerpo o potencialmente peligroso. Pueden formar parte de patógenos como virus, bacterias, hongos y parásitos, pero también de toxinas, alérgenos e incluso son partes de células propias del organismo que, por algún motivo, han sufrido alteraciones.

Al detectar un antígeno, el sistema inmunitario entra en acción: lo neutraliza, lo revisa y, si lo considera dañino para el organismo, lo destruye. Sin embargo, este proceso no siempre tiene resultados positivos… ¡Sigue leyendo para descubrirlo!

Tipos de antígenos y sus características

Los antígenos se pueden clasificar en distintas categorías según su origen y su interacción con el sistema inmunitario:

  • Exógenos: proceden de elementos del exterior como virus, bacterias, hongos, toxinas o alérgenos. Generalmente, ingresan al cuerpo a través del aire, los alimentos o heridas en la piel. Son detectados por células de nuestro sistema inmunitario, especializadas en el reconocimiento y presentación de antígeno, como los macrófagos o las células dendríticas y que contienen estructuras especializadas, las moléculas de histocompatibilidad de clase 2 (MHC II). Estas les permiten enseñar a otras células estos antígenos encontrados y poner al resto de activos de la inmunidad en alerta. Posteriormente, las células de la inmunidad adaptativa, como los linfocitos T CD4+ (linfocitos T cooperadores) los reconocerán y el sistema inmunitario especializado se activará para montar una respuesta que permita eliminarlos del cuerpo.
  • Endógenos: se generan dentro del organismo y consisten en formas alteradas de proteínas  que se forman como consecuencia de la infección por virus o por procesos tumorales. Estas formas alteradas actúan por ende como marcadores anormales. En este caso, las moléculas MHC I presentan estos antígenos en la superficie de las células infectadas para que las células TCD8+ (linfocitos T citotóxicos) los reconozcan y destruyan la célula infectada.
  • Autoantígenos: son moléculas propias y normales que, por algún error o por sobreactivación del sistema inmunitario, la inmunidad reconoce como extrañas o ajenas a nosotros, dando lugar a enfermedades autoinmunes, como la artritis reumatoide o el lupus.
  • Neoantígenos: se generan también dentro del mismo organismo y constituyen formas nuevas de proteínas que aparecen debido a mutaciones genéticas, como ocurre por ejemplo en las células tumorales, lo que permite al sistema inmunitario reconocerlas como ajenas.

¿Cómo reconoce el sistema inmunitario los antígenos?

El sistema inmunitario cuenta con dos estrategias principales para identificar antígenos:

  1. Mediante anticuerpos: estas proteínas, producidas por los linfocitos B, se unen de manera específica a los antígenos y ayudan a neutralizarlos o marcarlos para su eliminación.
  2. A través de receptores celulares: algunas células inmunitarias, como los macrófagos y las células dendríticas, poseen receptores que detectan patrones moleculares. Un ejemplo son los receptores tipo Toll (TLR), que reconocen componentes compartidos por bacterias y virus.

Mediante la inmunidad humoral y la inmunidad celular, el sistema inmunitario puede llevar a cabo la eliminación de los antígenos. Sin embargo, debemos tener en cuenta que estos mecanismos pueden fallar ya que el simple contacto con un antígeno no garantiza una respuesta inmunitaria.

Cada antígeno tiene características únicas que determinan su capacidad para activar el sistema inmunitario. Su tamaño, estructura y naturaleza química influyen en la intensidad y especificidad de la respuesta.

¿Qué sucede si el sistema inmunitario falla?

Las razones por las que el sistema inmunitario podría no reconocer un antígeno son: por inmunodeficiencia, en la cual el sistema inmunitario se encuentra debilitado y no responde de manera adecuada a estos antígenos; hipersensibilidad, que es cuando se responde de forma exagerada a un antígeno; o autoinmunidad, en la cual el sistema inmunitario reconoce lo propio de manera errónea e identifica como extrañas algunas moléculas del organismo, como si fuesen ajenas a nosotros.

Si no detecta un antígeno peligroso, el organismo queda vulnerable ante infecciones o enfermedades como el cáncer. Por el contrario, si reacciona de forma exagerada ante antígenos inofensivos o moléculas propias, pueden surgir problemas inflamatorios como alergias o enfermedades autoinmunes. Por ejemplo, cuando respiramos polvo con ácaros, nuestro cuerpo puede reconocer a dichos ácaros como antígenos y generar una reacción alérgica, desencadenando síntomas como estornudos, congestión o dificultad para respirar.

En Labo’life somos muy conscientes de que entender el funcionamiento del sistema inmunitario nos permite mantenerlo en equilibrio y mejorar su capacidad de adaptación para que pueda responder adecuadamente a los antígenos sin caer en reacciones excesivas o insuficientes que pongan en riesgo nuestra salud.

Conclusión

El sistema inmunitario es un mecanismo sofisticado que depende en gran medida de su capacidad para reconocer y reaccionar ante los antígenos. Sin este reconocimiento natural, estaríamos indefensos ante amenazas tanto externas como internas. Sin embargo, su precisión no es infalible y los fallos en esta identificación pueden dar lugar a enfermedades autoinmunes, alergias o infecciones persistentes. Estos fallos pueden ocurrir por desequilibrios en la respuesta inmunitaria normal, que pueden ser ocasionados por múltiples factores de nuestro estilo de vida y entorno.

Por eso y porque la salud no es algo que se tiene o no se tiene, cuidar de nuestro sistema inmunitario es una tarea diaria. Un estilo de vida saludable, una alimentación equilibrada y estrategias terapéuticas como la microinmunoterapia pueden ayudar a mantener su equilibrio y mejorar su capacidad de respuesta. Al final, la clave está en conocer mejor nuestro organismo y darle las herramientas que necesita para seguir protegiéndonos cada día.

Bibliografía

  1. Sánchez-Rodríguez SH, Barajas-Vásquez GE, Ramírez-Alvarado ED, et al. El fenómeno de autoinmunidad: enfermedades y antígenos relacionados. Rev Biomed. 2004;15(1):49-55.
  2. Antígeno – labster. (s. f.). https://theory.labster.com/es/antigen/

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