En ocasiones, el estrés parece un compañero habitual en nuestra vida. Nos acostumbramos a las prisas, las preocupaciones y la carga mental sin darnos cuenta del impacto real que tiene todo ello en nuestro organismo. Aunque creamos que lo gestionamos bien, muchas veces no notamos que nuestro cuerpo puede estar reaccionando de distintas formas.

Una relación silenciosa entre el estrés y el sistema inmunitario

Cuando nos enfrentamos a una situación de estrés, nuestro sistema inmunitario activa una respuesta natural para ayudarnos a afrontar el desafío. Este mecanismo de respuesta que se activa en nuestro organismo puede incluso ser útil cuando el estrés es puntual, pero ¿qué ocurre cuando se prolonga en el tiempo? Es como la diferencia entre hacer ejercicio un día y sobreentrenarse durante meses: lo primero nos fortalece, lo segundo nos agota.

Algunos de los efectos del estrés en el sistema inmunitario más evidentes son:

  • Tu corazón se pone en alerta máxima: imagina tu corazón como un motor. Cuando el estrés aparece, tu corazón de repente acelera, empieza a latir más rápido y tus vasos sanguíneos se tensan, aumentando la presión arterial. Es como si tu cuerpo se preparara para una carrera que no has planeado correr. Asimismo, el estrés crónico puede dañar las paredes de dichos vasos sanguíneos, favoreciendo el desarrollo de arteriosclerosis (una condición en la que se acumulan depósitos de grasa), lo cual incrementa el riesgo de enfermedades cardíacas y problemas circulatorios.
  • Un cóctel de hormonas: durante el estrés, tu cuerpo libera dos hormonas principales: adrenalina y cortisol. La adrenalina te da energía instantánea. Sin embargo, cuando esta hormona se mantiene activa de forma constante, no solo puede generar problemas cardiovasculares y metabólicos, sino que también puede interferir con la función de las células inmunitarias, debilitando la respuesta del cuerpo ante infecciones. Sucede lo mismo con el cortisol, que suele ser esencial en situaciones de estrés auto, pero se convierte en un problema cuando sus niveles son elevados durante mucho tiempo. El cortisol suprime la actividad de las células inmunitarias, especialmente los linfocitos T, que son responsables de combatir infecciones y regular la inflamación. A largo plazo, esto debilita la capacidad del sistema inmunitario para defenderse contra patógenos, incrementando así la vulnerabilidad a resfriados, infecciones virales y enfermedades crónicas. Además, el cortisol también altera la producción de citoquinas, lo cual favorece la inflamación crónica. Por otro lado, la dopamina, que suele asociarse con el placer y la motivación, también se ve afectada. Aunque al principio el estrés puede provocar un aumento temporal de dopamina, el estrés crónico acaba agotándola, lo que puede llevar a fatiga, desmotivación y una mayor vulnerabilidad a trastornos como la depresión. Al agotarse la dopamina, el cuerpo disminuye su capacidad para generar una respuesta inmunitaria efectiva y se ve comprometida la función de las células inmunitarias, especialmente los linfocitos T.
  • Músculos en modo «superhéroe»: ¿has notado que tus músculos se sienten tensos cuando estás estresado? Tu cuerpo prepara tus músculos como si fueras a necesitar fuerza extra en cualquier momento. Es como estar en constante modo «listo para la acción», lo cual puede dejarte contracturado al final del día. Todo ello interfiere en la función de las células inmunitarias. Las fibras musculares tensas pueden presionar sobre los vasos sanguíneos y los nervios, afectando al mismo tiempo a la oxigenación de los tejidos y la capacidad de las células para trabajar en las áreas del cuerpo donde más se necesitan.
  • Tu sistema inmunitario se vuelve vulnerable: cuando tenemos el cortisol alto (el rey del estrés), otra hormona llamada DHEA (la reina protectora) disminuye. Este desequilibrio deja a tu sistema inmunitario más vulnerable ante enfermedades ya que la DHEA tiene un efecto protector sobre las células inmunitarias y contrarresta los efectos negativos del cortisol. Además, la dopamina también juega un papel en la regulación de las células inmunitarias, activando o inhibiendo la actividad de los linfocitos T. Si el estrés crónico agota la dopamina, la respuesta inmunitaria puede verse alterada, favoreciendo así la inflamación crónica o debilitando la capacidad del cuerpo para defenderse de infecciones.
  • Tus defensas bajan la guardia: la adrenalina, además de ponerte en modo alerta, interfiere con tus células defensivas. Es como si las células NK y otros componentes del sistema inmunitario estuvieran tomando una siesta justo cuando más los necesitas, pierden eficacia frente al estrés crónico. Estas células son cruciales en la defensa frente a virus o tumores, así como en la regulación de la respuesta inmunitaria.

Cuidarte frente al estrés para una salud duradera

Podemos pensar que la salud es algo que simplemente se tiene o no se tiene, pero en realidad es el resultado de nuestras acciones diarias. Aunque no siempre notemos los efectos inmediatos del estrés en nuestro cuerpo, su impacto se acumula con el tiempo y debilita nuestra salud inmunitaria.

Gestionarlo de manera adecuada y escuchar al cuerpo marca la diferencia en nuestro bienestar y equilibrio. Un sistema inmunitario resiliente es clave y es lo que le permite trabajar en silencio para protegernos día a día, incluso cuando no lo notamos. La pregunta es, ¿estamos dándole las herramientas necesarias para hacerlo? ¿qué podemos hacer por él?

Cuando el estrés lo desequilibra, hay que buscar formas para reconducirlo y normalizar su respuesta. Por ello, en Labo’life llevamos más de 30 años desarrollando tratamientos de microinmunoterapia para ayudar al cuerpo a fortalecer sus defensas desde dentro.

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